MatiasEmmanuel

Lo que no debía salir

No fue una traición ruidosa.
No hubo golpes ni escenas.
Fue algo más pequeño
y por eso más preciso.

Confié sin ceremonia.
Como se confía cuando el cuerpo baja la guardia,
cuando la palabra deja de cuidarse
y se apoya.

Lo que dije no pedía protección,
pedía silencio.
No era un secreto para esconder,
era una verdad frágil
que sólo podía existir
si quedaba entre dos.

Pero circuló.
Tomó aire fuera de su lugar.
Cambió de boca, de forma, de intención.
Y volvió a mí
convertida en ruido.

Ahí entendí
que no todos saben sostener lo que no les pertenece.
Que hay manos hábiles para recibir
y torpes para guardar.

No me duele lo dicho.
Me duele el error de lectura.
Haber confundido cercanía con cuidado,
presencia con lealtad,
interés con resguardo.

Desde entonces la palabra pesa distinto.
No por miedo,
sino por aprendizaje.

Hay cosas que no se ocultan:
se eligen.
Y hay vínculos que no fallan por maldad,
sino por incapacidad de sostener
lo que no les conviene repetir.

No perdí un secreto.
Perdí una ilusión más difícil de nombrar:
la de haber hablado
en el lugar correcto