Diego Ascanio

Después del ruido

Afuera hay un estruendo.

De un lado a otro, los cuerpos danzan

el compás que los define,

los supera

y los aflige.

 

Adentro hay un vacío.

De pies a cabeza, la conciencia es quietud.

No hay forma de adentrarse:

el miedo

los obliga a huir.

 

Entonces, ¿quién es esta gente?,

¿de dónde vienen los crujidos,

cuando al fin escuchamos?

 

Es demasiado tarde.

Solo el silencio como límite

a una vida presurosa.