Tallando en mi soneto una escultura,
erijo bien pulidos sus acentos,
y sobre unos graníticos cimientos
levanto con empeño su estructura.
Midiendo con rigor la arquitectura,
no quedan desmedidos sus segmentos,
mas creo que entre tantos ornamentos,
alguna hilacha afloja su costura.
Busqué la perfección del apotema,
y al darle al verso cárcel y penal,
la rima no me saca del dilema.
Tal cual un arrecife sin coral,
sin alma ni fulgor, es mi poema
más soso que una cena de hospital.