Roma.

Otra oportunidad

Vamos a estar tristes, sí.
Pero salir del pozo, aunque sea arrastrándose, también es valentía.

Nadie tiene un salvador: uno mismo es la mano que queda.

Aprender a vivir con la tristeza es un acto serio de amor propio.
Mirar la vida, disfrutar a los que están, elegir vivir teniendo una sola oportunidad.

La más importante: dársela a uno mismo.