Un día tan ordinario,
el sol en su esplendor iluminó,
aunque para ti ya era noche,
para mí fue el eterno resplandor.
Fue en media conversación,
tu voz como una melodía santa
construyó con esencia el lugar
que ahora considero casa.
Así sentí nuestro primer encuentro
fresco, dulce y sumamente tierno,
como tu alma, que es un cielo.
Fue oírte y saber que eras tú:
Quien que con ojos tersos
escribió versos, pues incluso
en penas que estaban siendo dichas,
tu alma me atrapó por completo.
Fuiste caos, fuiste orden,
fuiste mi mejor descubrimiento.