Todo el mundo es muy valiente
detrás de una pantalla,
en esta jungla digital.
Se sienten muy audaces,
dichosos e intocables,
devoradores de autoestima.
Se alimentan de las desdichas
de los más infortunados,
mientras ellos mismos
se pudren lentamente
en su propia desgracia.
También existen otros tipos de valientes,
los que se lanzan al abismo,
como quienes saltan desde edificios
exponiéndose al mundo,
mostrando sus carencias,
sus inseguridades,
como presas que se exponen,
como carne en vitrina,
mientras las bestias
se encuentran listas
para atacar a su presa.
La valentía se acaba,
las presas se arrepienten
y quedan llorando
como cachorros heridos.
Y están los niños,
los más indefensos,
expuestos en esta jungla
por las carencias y prejuicios
e inseguridades de sus progenitores,
arrastrados sin defensa
a esta jungla
de jaurías salvajes.
Así es el nuevo mundo:
habita más en esta jungla digital
que en la jungla de la tierra,
porque es aquí
donde se sienten visibles,
donde pueden pavonearse
en esta interminable
vitrina digital.