Cada anochecer es más llorón que el anterior
Sus plañidos desgañitan mis sueños, no se duermen
La bola fulgente susurra que ya es tarde.
Es tarde y yo te amo.
Es tarde y tú fuiste.
Es tarde y yo tan vieja, acabada, muerta.
Tan tarde para siempre.
La miro iluminada, con las cascadas en los ojos, con los brazos desganados y sabemos que no vuelves.
La duda me come a ciegas, dice que es porque soy vieja, una vieja de veinte, una anciana de alma, una aburrida paliducha que no festeja con la gente. Que no baila. Que solo cree saber de letras, tan tortuosas letras, desabridas como yo.
O te fuiste por mis pliegues, mis formas y pedazos, quizá porque no encajo en tu cajoncito de madera. Dime si fue por ella, no me lo ocultes y sé prudente, dime si acaso no te volví otra vez suficiente. Confiesa de mis lastres, de cuanto te molestan, de mis escritos intensos y mi puño manchado, tintado. Mata esta tortura y condéname desastre, musítame enteramente insípida como todos mis libreros. Revélame insoportable ante tus capacidades y eso será suficiente para callar de un manotazo mis imprudentes inquieros.
Sentencia mi persona loca, prohíbeme de adicta al veneno de tu boca.
Rehabilítame del mal que me provoca y muéreme despacio
Y ya no hagas caso a mi resabio
Que solo soy una vieja, una tan sola
que muere
muere
y muere.