EL NACIMIENTO DE AFRODITA
Del tajo de los cielos cayó la espuma ardiente,
semilla de los dioses vencida por el mar;
Cronos cerró la noche de un gesto secular
y el agua abrió su vientre, temblando eternamente.
La ola se tornó en canto, la sal se hizo naciente,
y un cuerpo fue brotando sin culpa ni pesar;
no nació del regazo ni vino a suplicar:
surgió como mandato de gracia incandescente.
Desnuda fue la aurora que alzó su piel de rosa,
los vientos la ciñeron con hálito divino,
así el mundo se inclinó cuando pasó la diosa.
Pisó Chipre la espuma, tembló todo destino;
desde entonces el deseo impera en toda cosa.
Y amar es obedecer un designio marino.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026