La luz no cae:
piensa antes de tocarme.
En mis ojos no hay prisa,
hay estaciones enteras madurando en silencio.
El mundo corre;
yo observo cómo el tiempo se ordena.
Mi rostro es un umbral:
de un lado, la razón que mide las estrellas;
del otro, la intuición que sabe
cuándo una verdad aún no debe nacer.
No hablo mucho.
Las palabras, como las constelaciones,
solo importan cuando forman sentido.
El resto es ruido que no entra.
Cargo futuros en el pecho
como cartas selladas.
No por miedo,
sino porque lo sagrado
no se expone a la primera mirada.
Si me ves distante,
es porque estoy cerca de algo profundo.
Si no sonrío,
es porque estoy escuchando al mundo
antes de corregirlo.
Soy silencio con propósito,
sombra con dirección,
un pensamiento que camina
sin pedir permiso a la noche.