la noche se escucha, me pongo a pensar,
hablo conmigo mismo, me vuelvo a preguntar,
¿qué pasaría si lo hubiera dicho sin dudar?,
la cinta insiste, insiste, no quiere cortar.
Rocío tuyo es recuerdo que vuelve a brillar,
se proyecta sin tocar, sin antes preguntar,
tiempo dulce regresa y me viene a mirar,
como video sin pausas que no sabe frenar,
la inquietud me caló, me aprendió a habitar,
versos pocos, pero duelen al respirar.
Dos personas en mí se ponen a dialogar,
una voz furiosa, apagada, quiere gritar,
pregunta por qué, no se deja callar,
la otra, melancólica, pide perdonar,
¿por qué creí que lo nuestro era más que lo demás?,
y la imagen retorna sin avisar.
Si me hubieras dejado sentir sin pensar,
enamorarse como un sueño al despertar,
primero lento, profundo al entrar,
no estaría esta inquietud volviendo a morder y quemar,
sueño en coma que no quiere soltar,
bucle eterno que me vuelve a anclar.
Figura serena mirando el horizonte en paz,
solo aparece el amante, nada más,
yo unido y precioso en tono exacto al recordar,
cruel melancolía que no sabe marchar,
maldita sea yo mismo por no saber hablar,
que en vez de decirlo, lo vuelvo a escribir sin parar.
Tras una pared invisible el destino se va a ocultar,
la cinta sigue corriendo en mi cabeza sin final,
banda sonora, poco se ha perdido en realidad,
la memoria se suspende sin poderse atar,
antes de hallar el hilo, antes de tocar,
todo queda en silencio…
y entonces, ah
Veía en ti la cumbre deseada
la tierra prometida y el reposo
mas no cruzaba la frontera helada
por miedo a un no, por ser tan temeroso.
Pero era yo quien miraba en silencio
con el temor anclado en la garganta
guardando en mí el sagrado referencio
de una verdad que mi voz no levanta.
La inquietud crece en este hueco vano
donde debió florecer la certeza
por no haber sido el hombre más humano
al no rendir mi amor con gentileza.
Y ahora queda solo el recuerdo ardiente
de lo que pudo ser si fui valiente
si hubiese dicho al sol que estaba frente
que mi existir contigo era eminente.
Yo te miraba con mi propio orgullo
de ser el fiel guardián de mi tormento
sin ver que en ti hallaba el ungüento
para calmar este constante murmullo.
Ahora el tiempo teje su maraña
y el eco de lo no expresado hiere
y esta quietud que mi alma te acompaña
es la condena que mi pecho quiere.
Solo quiero decir bellos ojos que ya no mirare,
en mi mente su luz persiste,
de aquel brillo que yo admire,
el alma en calma resiste.
Solo queda de su sonrisa,
un eco dulce en mi memoria,
como efímera brisa,
la más tierna y bella historia.