Iba a escribir un poema,
pero no sé si algo de esto todavía me llena.
Miles de ideas perdidas en mi mente
se convierten en ceniza por lo que mi corazón siente.
Todo convertido en una historia narrada
por un alma demasiado magullada.
Embellecido el escenario,
incluso no parece el corazón desangrado.
Eterna batalla que nunca se gana,
y aun así parece estar acabada.
Y es que cuando hay rebelión entre mente y corazón,
el perdedor siempre es el yo.
Poema a poema,
mis huellas se queman,
mis venas se secan,
mi mente se frena.
Una vez más escribiendo lo mismo:
«Mi yo está frente al abismo».
Queridos lectores, cansados de esto,
siento deciros que no soy perfecto.
La mente no escucha, el corazón late,
y nosotros buscando la puerta de escape.
Miles de flores marchitas adentro
esperan luz para seguir viviendo.
Alrededor una penumbra oscura,
nutriéndose de las raíces más duras.
No se rompe de golpe,
se agrieta con los días.
Y, aun así, entre las grietas,
algo insiste en la vida.
Entre cenizas y raíces,
mi alma decide
si rendirse o seguir ardiendo
frente al abismo que reside.
Perdida, oscura, susurra quebrada:
«esta historia
todavía no está acabada».