Salvador Santoyo Sánchez

LA BICICLETA

Llegó en su bicicleta

Como siempre, tan coqueta,

Era de un color rosita,

Tan puntual siempre a su cita,

En su rostro la alegría,

En sus labios la poesía,

Todo florecía en ella

Su fragancia era suave huella

en el bosque era el encuentro

y nuestro amor en el centro.

 

La bicicleta olvidada,

en un árbol recargada,

discretas todas las flores

miraban nuestros amores,

más algunas se agachaban,

otras murmuraban,

que linda esa gran pareja.

Que se case es la conseja.

En ese bosque tan mágico

Casa de duendes simpáticos

Dónde el amor es misterio

Se vive sin improperios.

 

La bicicleta está sola,

Sola, como caracola,

Hasta parece una estatua

Que posa rígida y fatua,

Pero con un gran color,

Como una muestra de amor.

La pareja se perdió,

El bosque los absorbió

Esta historia tiene fin

Me la contó Serafín

Todos los derechos reservados ©️

Dr. Salvador Santoyo Sánchez

20/01/2026

 

Respuesta al Bosque y la Bicicleta

La vi también, tan rosada,
entre ramas recostada,
testigo fiel del suspiro
que en los árboles delira.

No era sólo una montura,
era el umbral de ternura,
la que traía en su andar
un poema sin nombrar.

Y en la fronda cómplice y sabia,
donde el amor se descalza,
dos siluetas se perdieron
como musgo entre las hayas.

La bicicleta no olvida,
guarda huellas encendidas;
su color, un relicario
del instante más sagrado.

Gracias, Serafín, por decirnos
que el amor no necesita testigos,
basta una flor, un rumor,
y dos almas sin abrigo.

Gracias por escribir. Un abrazo.
—LOURDES
Poetas somos…