Cansado el corazón, piedra caída
Se quiebra en su latido más profundo
Y al peso de la noche de este mundo
Se inclina, desnudado de su vida.
La voz que fue torrente, ya vencida
Apenas roza el aire moribundo
Y el sueño, que era luz, se vuelve humo
Escombro de esperanza desabrida.
Mas entre tanta ruina, un leve aliento
Se alza como rescoldo que no muere
Porfía en su rincón contra el tormento.
Porque aun del hombre roto se prefiere
La chispa que resiste el desaliento
Al mármol que presume y nada quiere.