Una disquisición,
asomó un incierto
hallazgo en el cerebro.
Una voz,
bulle entre las calles
escudriñando señas
que buscan
reaprender la vida.
Son notas y cantos
que han aparecido
de pronto en mi piel
y sin explicaciones
me han vuelto
un esqueleto pensante.
Es semiótica
que subyace
en las miradas,
convirtiéndome en un adicto
a los misterios del alma.
Con esa convicción,
aspiro sólo a respirar la tarde,
que se llevado mis anhelos
de paz...