En este mundo no existe nadie.
No hay siquiera quien me indique lo que estoy haciendo mal,
ni alguien que me consuele cuando se me dificulta, de nuevo, hablar.
No hay ni comida, solo suciedad.
Y aquí solo existo yo, esperando,
como siempre esperé
a que algún día existiera alguien que me ayudara a respirar,
a comer bien.
Alguien que me viera por quien soy,
que me asegurara que existo,
pues más allá, bajo las pieles y todos estos huesos,
no comprendo mucho más de lo que necesito.