Sobrevivo lento, día tras día,
con la ilusión temblorosa
de una dulce noticia:
que todo al fin termine
y no tenga que seguir
luchando contra la sombra.
Anhelo llegar al instante
de soltar la carga amarga
que me fue dada sin pregunta,
peso antiguo
que nunca supe cuestionar.
No quiero exceso de pasado
ni hambre de futuro,
solo el presente desnudo,
vivirlo
sin este dolor amargo
que cala hasta los huesos.
Quiero existir
sin complacer la hipocresía,
sin vestir los estándares del mundo,
sin fingir.
Nací solo,
y solo me iré.
Que sea, al menos,
una despedida
menos dolorosa.