\"A veces no nos perdemos en el cuerpo,
sino en el silencio que parece refugio.
Este poema nace de esa deriva:
llegar creyendo haber encontrado un puerto
y descubrir: que no tenía nombre.\"
Allí estaba.
La noche se volvió infinita
bajo la luz de la luna,
escuchando las olas del mar,
con la mirada detenida
en tus labios,
rojos,
quietos,
como una promesa.
Esa noche
yo era solo un barco,
sí,
un barco a la deriva,
buscando un puerto
sin saberlo.
Lo encontré
en el azul de tus ojos,
confundido con el mar,
en el silencio
que dejaban tus besos.
Y me dejé llevar
por esa marea.
Quise navegar tu misterio,
perderme en la hondura de las olas
que rozaban tu cuerpo
sin prisa.
Me sumergí
y confundí lo infinito
con la profundidad del océano.
Descubrí
lo que aún no tenía nombre.
Me ahogué
no en tu cuerpo,
sino en tu silencio
y en el brillo inmóvil
de tu mirar.
Jesús Armando Contreras.