Veo en la noche fugaz,
oscura y paciente
una luna sirviente
que aletarga mi paz.
Silencio en el alma,
callada la tormenta,
la noche me sustenta
y procura mi calma.
Ausente la luz;
qué susurra el viento...?
quién procura el aliento
al tarugo de mi cruz?
Divagante la promesa,
es sonora y alada,
cuál ola salada
protestante y confesa...
Mi mundo es así;
levante que serena
y lágrimas en la arena
rebozadas de frenesí.
Y si la voz me elige...
universo sereno,
libre del veneno,
que la muerte exige.