Dos cisnes con ramas en su hocico navegaban a lo lejos, al fin, los acariciaste cuando llegaron a la orilla, traían un plumaje vibrante que bien supiste aprovechar.
El bullicio menguo y aprendiste su lenguaje.
Esas plumas que bien te enseñarían sobre volar y un tiempo amigable te abrazó, nacieron los sueños de ver el fruto de ese par de cisnes.
Y bien supiste bailar cuando aconteció.
ahora añoras su regreso, mas, el tiempo, cruelmente, se los llevó.
Quizás no tengas los cisnes de exquisito plumaje pero mira, hay palomas en el techo.
Scarlett-Oru