Velo
de esta
manera:
cuando
uno
está
caminando
hacia el
amor,
deja
uno de ser
de carne
y hueso
y se convierte
uno
en una delicada
amapola.
Los labios
dejan
de ser labios
para convertirse
en bálsamos,
y uno
reemplaza
el pensar
con la cabeza
fría
para pensar
con el corazón.
Si tu lenguaje
es el amor,
una chispa
dentro
de ti
se enciende;
ya no
entiendes
el lenguaje
tradicional
porque vas
más allá.
Y la sangre
empieza
a golpearte
la carne,
los huesos,
el corazón.
En cambio,
cuando
el amor
no es correspondido,
uno
regresa
derrotado,
con desazón,
incertidumbre
y con unas
pobres ganas
de vivir.
Y el mundo
está lleno
de melancólicos
que empiezan
su día a día
partiendo
de esto último.