Bullicio silencioso en la huesera.
Ayes de pena y gritos de ventura.
Se juntan la fealdad y la hermosura.
Odio y amor en tanta calavera.
Aquí se hacina la ciudad que era
mendiga y ricachona, atea y cura,
astuta y necia, frenesí y cordura:
¡todos banquete de la gusanera!
Oigo el pasado. Ved a lo que llega
la pasión de vivir, que empuja ciega
su historia hasta el a ras de escalofríos.
Pasarán años, gentes y sucesos,
y otro se parará, verá esos huesos
entre los que estarán también los míos.