Estoy en camino de escribir poesía,
escrutando los efectos de la palabra
que se derrama en mi piel sin permiso,
concibiendo intrincadas metáforas.
Estoy sintiendo en el pecho sus andanzas,
que me acercan con la fatiga de las entrañas.
Reconozco que es poesía,
porque vuela hasta mis ansias,
afiebrando mis días y trizando mi alma.
Poesía que arranca mi corazón con verbos,
que no se cansan de anunciar mil palabras.
A veces sátiras intestinas,
metáforas o verbos sin acción;
otras, dramas que bañan mis días,
elevando un viento nostálgico y en calma.
Poesía enferma y sana, dulce y agria.
Poesía extraña para mi boca rudimentaria.
Poesía hecha de cuerdas toscas
y azules látigos que sangran…
Poesía redentora,
o muerte de una sola palabra.