LA LLUVIA ES UNA COSA
“La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado”.
Y yo guardo en la memoria algunos ratos de lluvia
ligera o con caída abundante. Recuerdo aquella mañana
en la que nos impidió salir al campo, a la calle,
a la aventura, desenvolvernos sobre una superficie
más que húmeda, por completo embarrada.
El cielo se había puesto oscuro hacia lo lejos
y se había complicado
sobre todo por encima de la sierra:
había tomado posesión de todo el cielo
algo así como una tabla de nube.
Y otro día en que empezó a caer
con brío, una lluvia sutil y a la vez rudimentaria,
con tanto brío, que el agua bajaba
la calle de lado a lado, que el agua se despeñaba
como desde una fuente remota,
que ni siquiera saltando
y calzados con las katiuskas, podíamos
cruzar con éxito a la otra acera,
y algún valiente esperaba a que menguara
bajo el pórtico o el saliente de una terraza.
Fue como si un elemento ajeno
a nuestra vida diaria impusiera un orden
nuevo y severo, un grado de humedad intolerable:
un accidente meteorológico
a mitad de una semana que había sido soleada.
Recuerdo que la lluvia de enero, de marzo, de abril
todos los años resultaba distinta,
pues caía tan suavemente en ocasiones.
Y también algunas nubes feroces,
de lluvias elementales y densas como cortinas,
aunque nunca nos provocaran angustia.
Días con lluvia aparecen
ya lejanos en el tiempo,
no regaban nuestros cuerpos
pero sí campos feraces, cultos
llanos y domesticados, en aras de
engordar nuestras cosechas.
Gaspar Jover Polo