Déjame disfrutarte unos segundos más,
déjame negociar con Thanatos unos suspiros más,
déjame sostener tu mano arrugada
por el tiempo que no tiene piedad.
Tú, que eras roble indomable ante las tempestades.
Qué ironía la de la vida:
que hoy esté frente a ti y no me veas,
que tu pecho suene como quien ha corrido un maratón,
que tu voz sea débil al pronunciar mi nombre.
Déjame robarle al reloj unos días más.
Juguemos al escondite:
yo contaré y tú te esconderás en mis sueños.
De vez en cuando, déjame verte
para saber dónde buscarte.
Pero ahora descansá,
recuperá el aliento.
Yo seguiré contando
hasta que regreses.