JUSTO ALDÚ

KAIRÓS

Fue cuando la tierra abrió su boca oscura al canto,

y el tiempo así se quebró sin hacer ruido alguno,

Perséfone entendió entonces destinos de ayuno

y flores que se entregan al abismo del manto.

 

No fue la fuerza sola ni el mandato del llanto,

fue el instante preciso ni tarde ni oportuno

donde el reloj se rinde, donde el pulso es ninguno

y el ahora se vuelve ley, relámpago, espanto.

 

Kairós bajó con ella sin tocar la memoria,

le enseñó que hay amores que nacen por frontera,

y pactos donde el alma se divide en su historia.

 

Desde entonces la vida no es plena ni es entera:

mitad luz que regresa y mitad sombra que escoria,

así el tiempo nos toma cuando quiere y espera.

 

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026