Dedicado a mis hermanos Loli y Pepe
Para quienes cargan el amor
Hay vidas que no gritan,
pero pesan.
Pesan como el mundo entero
sobre unos brazos cansados.
Hay ojos que no miran
como miramos,
pero ven más hondo,
donde el ruido no llega.
Él no pidió este cuerpo
ni este silencio espeso,
pero habita en él
como una verdad desnuda.
Y alrededor —
sin nombre, sin descanso—
hay quienes han estado siempre.
No llegaron tarde
ni se fueron nunca.
Han aprendido a sostener
sin promesa de alivio,
a amar sin aplauso,
a resistir
cuando el amor también cansa.
Un cuerpo crecido entre los días,
el tiempo entero apoyado en la espalda,
y una vida hecha a fuerza
de seguir
cuando ya no quedaba fuerza.
No es rendición dejarlo ir.
Es continuar amando
desde otro lugar,
sabiendo que el precio
aún no está pagado del todo.
Que nadie hable de abandono.
Aquí solo hay fidelidad
hasta el límite del cuerpo,
y un amor tan grande
que aprende a soltar
sin dejar de cargar.
Que el mundo, alguna vez,
sea justo con quienes
nunca pudieron parar.
Antonio Portillo Spinola