Nada se queda anticuado
Más rápido que el
Futuro, apenas
Hablamos de
Lo que viene y ya se
Quedó viejo…
Hoy, 18 de enero de 2026, he acabado la lectura de “Séneca”, un ensayo sobre la felicidad y la brevedad de la vida; recuerdo que cuando llegué al final de las primeras 20 páginas y que fueron una exposición del tiempo del Imperio de Roma de su tiempo pensé que tal como se han ido estos últimos dos mil últimos años, y cómo se ha desarrollado todo, vamos a seguir siendo acechados por unos sucesos, unos hechos y unos acontecimientos cada vez menos controlables y que cada vez más deberíamos ya empezar a preguntar, y cuestionar, qué relación hay entre sucesos pasados y éstos de hoy, por ejemplo: hace sólo unas semanas todos éramos Gaza, ¿sabíamos en verdad por qué lo éramos, por qué lo fuimos?; hoy, y por el momento, si no somos Groenlandia no podemos opinar; alguien decide que aún no debemos opinar ¿Quién, quiénes y porqué?
Por los caminos ya andados, y ya olvidados, los hechos consumados a los cuales nunca hemos sabido darle solución nos llega este momento, hoy: alguien decide que sea así, son los modos de la maldad humana, ¿o quizás la necesidad de aferrarnos a una extraña verdad? Hoy, y para quienes aún no alcance a verlo, observando y prestando atención sobre cómo se desarrollan los hechos que nos rodean vemos que de todas las posesiones a las que podemos calificar, supuestamente, como nuestras, el tiempo para saber, pensar y razonar, es la que menos nos pertenece, ¿Quién, quiénes nos quita nuestro tiempo?
De niño, recuerdo, nos decían que Dios estaba en todas partes, que lo veía y lo escuchaba todo: Hay que huir de ese dios del control; toca huir de la “oficialidad” impuesta: La verdad nunca ha estado ahí.