Un año de letras, de fuego y distancia,
soñando el relieve de tu anatomía,
vencimos al tiempo con mucha constancia
para convertir el deseo en porfía.
Bajo las luciérnagas de aquel centro extraño,
tu risa de pronto se hizo presente,
borrando de golpe el rencor de aquel daño
con una mirada que quema la frente.
Tomé tu cintura con fuerza y denuedo,
la falda muy corta dejando el camino,
perdí por completo la sombra del miedo
al ver tu trasero, manjar del destino.
Entramos al cuarto con lengua y con garra,
sentí tu humedad de encaje y de seda,
la bestia que llevo por fin se desamarra
y en tu manantial mi deseo se hospeda.
\"Soy tuya\", dijiste, con voz de pecado,
montada en mi cara como una deidad,
bebiendo tu néctar de aroma sagrado
perdí los sentidos y la sobriedad.
Cabalga mi cuerpo, mi perra, mi diosa,
me pides que te hable con lengua procaz,
la cama es un campo de batalla hermosa
donde el alma entrega su última paz.
Estalla el torrente, lo lácteo se expande,
la buscas con hambre de fiera sin ley,
no existe placer que sea más grande
que ser tu esclavo y sentirme tu rey.
Quedamos desnudos; sudor y latidos,
el cuarto respira tu olor a mujer
dos cuerpos que estaban por fin prometidos
con sabor a chocolate y mucho placer.