Jorge L Amarillo

De la mano ( soneto )

Silencio y la soledad van de la mano

como de la mano íbamos hacia el mar,

en aquellas tardes de ese gran verano

cuando solo nos queríamos amar.

 

Allí cuando el dolor era algo lejano

con nuestros dos cuerpos que querían pecar,

cuando el aliento era mucho más cercano

y éramos aves dispuestas a volar.

 

Un tiempo que se hizo todo un gran pasado

donde supe estar yo tan enamorado

en un adiós que se llevó la pasión.

 

En una playa que borró nuestras huellas

y la noche fue borrando las estrellas

para dejar hoy sin luz a mi corazón.