Silencio y la soledad van de la mano
como de la mano íbamos hacia el mar,
en aquellas tardes de ese gran verano
cuando solo nos queríamos amar.
Allí cuando el dolor era algo lejano
con nuestros dos cuerpos que querían pecar,
cuando el aliento era mucho más cercano
y éramos aves dispuestas a volar.
Un tiempo que se hizo todo un gran pasado
donde supe estar yo tan enamorado
en un adiós que se llevó la pasión.
En una playa que borró nuestras huellas
y la noche fue borrando las estrellas
para dejar hoy sin luz a mi corazón.