Hoy tocan los Rufus en la Jimmy,
y como era previsto,
algo se acomodó distinto en el pecho.
No por la música, sino por la excusa.
La ciudad estaba fría y húmeda,
con ese brillo cansado de los Viernes que prometen poco.
Entré en la sala como quien entra en un paréntesis, sin esperar respuestas.
La banda sonaba bien y honesta,
y por un rato nadie fingía estar en otro sitio.
Pensé en las veces que no fuimos,
en las canciones que no llegaron a ser recuerdo.
Afuera, la noche seguía igual de torpe.
Adentro, el concierto hacía su trabajo,
tapar lo que dolía justo lo suficiente.
Salí tarde,
con las pilas cargadas y la sensación extraña de haber llegado a tiempo a algo,
aunque no sabría decir muy bien a que....