Se ha retirado la mar.
Ahora estará durmiendo.
Mientras que yo, aquí, sentado
en la proa, me contemplo
en su tersa superficie
como en un bruñido espejo.
Yo me encuentro aquí señores.
Y estoy aquí porque quiero
poder dividir los mares
con un cuchillo de acero.
Y le pondré en cada orilla
un faro color de cielo.
Encenderé por linternas
dos corazones de fuego.
Y haré varar mi fragata
en el pasillo del centro
con las velas recogidas
¡Sin armas ni marineros!
Plantaré de caracolas
surco a surco, y trecho a trecho,
para que ellas le susurren
a mi remanso sus versos.
Y el céfiro que acaricia
la dehesa azul y el cielo,
dejará sobre mis labios
el salitre marinero.
Mas, cuando la mar despierte
del profundo y quieto sueño,
ella, querrá ser mi novia,
y yo, su amante y su dueño.