TACONES DE ADIÓS
He seguido la vida,
caminando sobre el rastro de la nada.
Cuando apenas tu ausencia,
como un fantasma en la acera,
parece verse en la esquina,
marchándose con tacones de adiós.
Parece que lo cotidiano
se rompe al abrir mi puerta.
Me abofetea la realidad
con su risa amarga,
y el pasillo se vuelve un desierto
donde mi sombra se queda muerta.
Tras la noche, el frío me pregunta por tu nombre.
Tras la noche, se quiebra el orgullo de este hombre.
Es un vals de ceniza y de olvido,
el eco de un amor que se ha perdido.
¡Ay!, qué amarga es la verdad
cuando el silencio es mi única heredad.
Esa esquina es un tajo en mi memoria,
el final de una vieja y triste historia.
Tus pasos son clavos en el pavimento,
tu partida es el único lamento.
He seguido la vida,
pero la vida se detuvo en esa esquina.
Tras la noche,
tu risa amarga,
y el sonido constante
de tus tacones de adiós.