París es un tajo abierto en la garganta del tiempo.
Tú, una frecuencia modulada en el miedo;
yo, un animal de vidrio buscando tu sombra en el Sena.
El aire es chapopote funcional y minimalista, tubio ,
un humo que nos cose las espaldas en hoteles de paso,
donde el deseo no tiene nombre, tiene colmillos.
Somos el accidente geográfico de una cama que arde,
una colisión de átomos en el Distrito 18,
donde la lujuria es un neón sangrando sobre tu pecho.
¡Pánico!
Pánico de que el mundo sepa que no nos tocamos,
que nos devoramos por ósmosis, puro estruendo mental.
Tus manos son cristal en la tormenta,
mi boca, un precipicio de absenta.
No hubo amor, hubo metamorfosis.
Tú y yo: la explosión que París no se atrevió a confesar.
Un secreto sensacionalista escrito con uñas en la pared
del último callejón antes del fin del universo.