En algún momento soñé
un mundo maravilloso,
un mundo tuyo y mío.
Y así fue por un instante,
pues en todo estabas tú,
y todo tenía sentido.
Finalmente, todo cambió,
ya nada era igual,
ni siquiera tú.
Lloré tanto por tu ausencia,
supliqué al cielo
que regresara aquel ángel
que un día encendió
la luz de mi existir.