Las escaleras de todos los días,
el olor de siempre,
la guitarra desafinada cantando por vivir,
la llegada del tren empujando
un viento denso y caliente que roza mi cara,
las puertas que abren,
la gente que corre,
almas que salen para llegar,
almas que entran para no volver,
la romantización intentando revivir
a las víctimas de lo cotidiano,
algún libro viejo,
una infancia indigna,
la angustia a flor de piel,
dos lágrimas tímidas,
una mirada perdida y solitaria buscando
a otra como ella
para al menos esa tarde,
descansar en paz
en ese viejo vagón del la Línea B.