En las últimas intersecciones de la poesía,
donde ya no hay tonos universales
y tampoco poetas hablándome,
siento que existe un camino nuevo.
Divagando por las metaforas,
dejo que el corazón baje su tono
y sólo el inconsciente teclee las notas,
que va embadurnado mi hoja en blanco.
De este modo, me entrego a un sistema,
que no tiene señas conocidas,
ni voces, que entrecruzadas,
van queriendo decir algo.
No sé qué es y sólo me dedico
a percibir el teclado,
y de vez en cuando,
observo como las letras
va escribiendo una palabrería extraña.
Es el inconsciente,
que sale a decir algo,
y me empuja a escribir,
dándome razones lejanas,
con una métrica desolada,
que configura una trama
de oraciones y frases
que reniego que las escribí...