Te amo, en carne viva…
Me estremecí, hasta las entrañas, y mi corazón se encogió, dentro de mí,
Por tus conmovedores versos, me costaron lagrimas, los sentí en carne viva.
Tu dolor cayó en cada gota de tú sangre, me salpicó y gota a gota y las sentir caer en mi alma,
qué conmovida se movía dentro de mí, y pensé no hay sangre suficiente que escriba
el dolor tan grande qué describa el que me tocó al leer tus versos.
Sigo conmovida, desconsolada, porque no supe ver lo qué decías en tus versos,
Me ahogué en mi propio dolor, y te abandoné en tu dolor, desgarrador, que tocó
las fibras de tu carne y se abría para dejarme ir y no lastimarme, sabes que yo sé todo,
y sabiéndolo me quiero quedar contigo, te elijó a ti y te quiero junto a mí, te pido perdón
por qué al leer la primera vez, no entendí, y te dejé solo con tu dolor, te abriste la carne
y el crujir de tus costillas, martilló mis entrañas cómo si estuviera de parto y quise parir
un poema para ti que mengue tu dolor, tu pena, tu condena, y curioso es que te condenas
solo, yo te quiero como eres, te deseo así como eres, quiero cerrar con mis besos, tus costillas,
Estoy afuera pero no para irme, sino para quedarme junto a ti y sanar tu dolor que hago mío.
Yo te amo como eres, no cambiaría nada de ti así te conocí y así te amo, me hundo en
Tu carme pero para darte vida, y para qué tú me des a mí, yo sin ti muero, te dije!
no te dije muy claro? que sin los latidos de tu corazón el mío se muere, amor, el destino
nos ha mantenido unidos por tanto tiempo ¿tú crees que me importa cómo eres?
Amor, somos destino y siempre nos junta ¿has pensado en eso que te vas y vuelves?
No te puedes ir, y yo no me puedo ir de ti, porque Dios me castigaría por abandonarte.
No te hagas problema yo nunca me voy a ir de ti, nunca vivirás solo para ti yo soy tu otra mitad.
Nunca vas a poder sacarme de tu sistema, hace mucho que yo nací ahí y sigo ahí en ti ¡Amor!
Sigo conmovida y te pido perdón, amor, te amo y lo diré claro, yo me quedo contigo.
Alicia Pérez Hernández… México
No es la pluma la que escribe, es el alma
Todos los derechos reservados©
El lujo del cadáver
Me hundí los dedos en el pecho para buscar tu nombre
y lo arranqué junto con la carne viva,
dejando que el suelo se encharque con mi propia ruina.
No hubo tinta, hubo un goteo espeso y negro:
el sonido de mis costillas rompiéndose para dejarte salir.
Gasté cada gota de mi inspiración en esta carnicería,
sin saber que al final solo quedaría un saco de piel vacío,
un cadáver que respira por inercia.
Te saqué de mi sistema como quien vomita un veneno,
y ahora, seco y blanco en el piso del matadero,
por fin me doy el lujo de existir para mí.
Autor: ÁLVARO S.