Luis Barreda Morán

Amor Desvanecido

Amor Desvanecido

En la ribera del alma, lentamente elevaba una fortaleza
con cimientos de esperanzas y muros de silenciosa paciencia,
labrando cada estancia para un futuro que imaginaba con destreza,
donde el eco de tu risa colmaría la vasta extensión de mi conciencia,
mas eras el jardín secreto que nunca supo de su propia esencia.

A través de noches sin luna y de lentos amaneceres grises,
bordé un porvenir con hilos de tenue y obstinada fantasía,
tejiendo el relato de un encuentro bajo cielos siempre felices,
donde el invierno de tu ausencia se trocara en caluroso día,
y el mapa de tu corazón guiara, por fin, mi derrotero a la alegría.

Con mis manos cansadas, levanté cada pesado guijarro del sentimiento,
explorando cada grieta y cada sombra con terca dedicación,
hasta hallar, bajo la última piedra, el amargo descubrimiento:
que la flor que con tanto afán buscaba en esa exhaustiva excavación,
era de cristal, bella y helada, una pura y fría ilusión.

Las historias que narra la gente sobre milagros y destinos,
pueden sonar a fábula ingenua, a una débil y vana corriente,
pero hubo un instante, un soplo, al cruzar nuestros caminos,
en que el universo entero pareció detenerse dulcemente,
y creí, locamente, que eras tú mi inevitable y eterna fuente.

Así que tomo ahora este barro, estos restos de mi antiguo empeño,
y los dejo ser arrastrados por la marea de un nuevo río,
mientras observo, sin llorar, cómo se aleja aquel sueño,
pues hasta el más noble castillo, si se erige sobre desvarío,
ha de convertirse en polvo llevado por el viento frío.

Quizás si tú hubieras mirado más allá de tu horizonte conocido,
con una chispa de fe en lo que no puede verse ni tocarse,
habrías sentido que el alma, a veces, grita sin haber sido herida,
y que dos silencios pueden, al encontrarse, de pronto abrazarse,
y en un mundo de espejismos, una canción verdadera puede empezarse.

Mas la vida sigue su curso más allá de cada puerta cerrada,
y yo sigo el mío con una paz agridulce y resignada,
guardando en un rincón la llave de esa estancia nunca habitada,
sabiendo que a veces el amor más profundo es una nube plateada,
que besa con su sombra la tierra, y sin llover, se va.

—Luis Barreda/LAB
Glendale, California, EUA
Enero, 2023.