No te escribo con flores,
ni con promesas de eternidad.
Te escribo desde la pausa,
desde la mitad.
No soy principio ni final,
solo el respiro entre dos guerras.
Tal vez no vine a quedarme,
tal vez vine a ser tregua.
Tus ojos no me salvan,
pero me distraen del fuego.
Tu voz no es himno,
pero me basta en este invierno.
Y si mañana olvidas mi nombre,
está bien.
Yo fui apenas un suspiro
que no pedía también.