Daniii_Farías

La marcha de los silencios

 

 

Avanzan los silencios,

largos, densos, innumerables,

como una procesión sin campanas

ni banderas que distraigan la verdad.

 

Caminan despacio,

porque la prisa no entiende el dolor,

porque cada paso necesita

recordar a quien falta.

 

No hablan,

pero en sus espaldas cargan historias

que el tiempo no logró borrar:

risas interrumpidas,

abrazos que quedaron suspendidos en el aire,

nombres que aún responden

cuando alguien los piensa.

 

La ciudad los mira pasar

con los ojos bajos.

Las paredes escuchan.

Las calles se vuelven testigos

de una fe distinta:

la fe de no olvidar.

 

Hay madres que marchan

con la ausencia tomada de la mano,

padres con preguntas que envejecieron,

hermanos que aprendieron

a convivir con una silla vacía.

 

El silencio se ordena en filas,

no por disciplina,

sino por respeto.

Cada cuerpo es un grito contenido,

cada mirada, un reclamo

que no necesita volumen.

 

El viento acompaña suave,

como si supiera

que cualquier ruido sobra.

Hasta los pájaros dudan

antes de cantar.

 

Marchan los silencios

para que la memoria no se duerma,

para que la verdad no se oxide

en archivos cerrados,

para que el pasado no sea una herida negada,

sino una herida nombrada con dignidad.

 

No buscan venganza,

buscan luz.

No piden lástima,

piden justicia.

 

Y cuando la marcha termina,

nadie aplaude.

El silencio permanece,

de pie,

mirándonos.

 

Porque hay silencios

que no callan:

enseñan,

señalan,

exigen.

 

Y mientras sigan marchando,

mientras alguien camine sin decir palabra

pero con la verdad en el pecho,

la historia seguirá abierta,

esperando respuestas.