Llorando está el extasiado cielo,
dejando caer sus lágrimas bravas.
Los árboles esparcen su esencia,
fresca y ligera, como la mañana.
Éter me estremece con su gran voz,
que es escuchada y temida por vos.
Ella ilumina y refleja la luz,
que apenas se ve en el horizonte.