Vos, señor de las sombras,
que te apoderaste del aliento de las almas.
Vos, mi eterno maestro,
a quien le confiero mis terrores más prohibidos.
Concédeme la astucia de los cuervos,
recocíjame en la compañía del gato negro.
Dale a mi pluma la llama de los infiernos,
tiñe de terror mi origen,
al viernes 13 otórgale lo eterno.
Que de mi tumba no se recuerde otra cosa
que mi forma de embellecer lo oscuro
con las metafóricas poesías
que veneran tu alma.
Acude a mi rezo;
que el porte de tu aura
trascienda toda muerte
y perpetúe nuestro encuentro.