Me burlo del mundo serio
que posa de inteligente,
opina como misterio
y no piensa lo suficiente.
Todo es grave, todo es posa,
todo es gesto bien ensayado;
nadie duda, nadie goza,
pero todos han opinado.
Critico, sí, pero me miro,
no me excluyo del retrato;
yo también fui ese suspiro
que confundió ruido y dato.
Fui colérico sin causa,
valiente solo en discurso,
rebelde de cómoda pausa
y libre por puro impulso.
Reí cuando entendí el truco:
la ira cansa, pero aclara;
no todo enojo es verdugo,
a veces es luz que dispara.
La sátira me hizo espejo,
la burla fue catarsis fina:
reírme de mí fue el consejo
que no da ninguna doctrina.
Hoy hablo menos, digo más,
no todo merece voz;
la elocuencia no es audaz
si no se enfrenta al feroz.
No busco aplauso ni bando,
ni ganar discusiones huecas;
evolucioné soltando
la necesidad de trincheras.
Y si me río del ser humano
es porque aún creo en él;
la burla es gesto cercano
cuando no nace de hiel.
Espontáneo no es descuido,
es verdad sin maquillaje;
yo me reí… y en el ruido
encontré mi propio lenguaje