Quien sabe que lo vivido, pasado y presente,
es más que suficiente, porque cada día que pasa es presente que, al vivirse, se transforma en pasado.
Porque lo que en uno permanece,
permanece para siempre, como raíz que se sostiene, invisible pero esencial.
Y como lince ibérico que ha conquistado su tiempo,
vive independiente, fuerte y consciente, fiel a su propia esencia perdurable.
Sabe que al amor,
no se le necesita.
Porque no se demanda, no obsesiona, no se posee,
y nunca se pierde:
el amor se habita, se disfruta,
y se da.
Y si los días vienen torcidos, o llenos de nubarrones,
como lince ibérico de buen linaje
los enfrenta,
y de cada caída,
se levanta más sereno,
y más fuerte.
Y así, siendo, estando, y habitando,
vive libre para vivir,
amar y dar.
Libre para vivir, amar y dar,
y como lince ibérico...
preso sí:
¡de su libertad!