La mente al final descubre
que en cada encuentro hay un don
y se enciende el corazón
por lo mucho que aprendió.
La voz que nunca quiso ser cautiva
halla el lugar sereno en el papel
y en la tinta su fuego al fin aviva.
Alumbra el alma con fulgor de miel
y la emoción nos guía sin temor
haciendo que el verso es noble y fiel.
La sabia pluma pide nuestro afán
pues solo en ella vive el resplandor
que el tiempo y el olvido no se irán.
Así se cumple el precioso querer
y donde el poema encuentra el camino,
pues solo al fin se logra comprender
y que el verso preside el gran destino.
RefelxionandoAndo
©Violeta