No es ella un ángel, es una suerte
de misterio. Es más de lo que entiendo
y sin embargo fui, y sigo yendo,
como la vida va hacia la muerte.
No son los ojos, no. No es el contorno
de la boca, que en beso se congela;
es algo aún más hondo, que desvela
y me arrastra sin prisa ni retorno.
No es que no la alcance. Es el modo
en que el tiempo nos piensa y nos separa;
nos vuelve claros solo en la distancia.
No es amor, lo que habita en un recodo.
No quiere ser nombrado, y se ampara
en existir sin forma ni constancia.