¿Sentís el roce de lo distante?
Obsesiona, casi siempre,
descubrir la voracidad del paisaje,
cuando, como religión,
me ofrezco cuerpo y alma al silencio.
¿Templará nuestro sol
las várices de la incomprensión?
El bosque, los prados:
¿Comprenderán
las fisuras de un agrietado destino?
En sus cauces
¿El río deparará nuevos rumbos?
Nadie lo sabe y menos yo.
Y en ese instante...
La duda enciende el sordo/íntimo cielo,
y ardo sin consumirme en la quietud.
Una nada infinita inunda de sombras el día
y mi pulso es solo sílaba de silencio...
Silencio que tomarĺa
como banquete el intestino de mi corazón
de no ser por esas golondrinas
que al batir sus alas, regalan música.
Anton C. Faya
(Reeditado)