Al amor no llegamos jóvenes, llegamos con sabiduría,
con cicatrices que aprendieron a no gritar en público,
con el pulso más lento y la mirada menos ingenua,
pero con la certeza intacta de que amar aún valía.
De triunfos pequeños vengo, que nadie llamó victoria,
y de fracasos que enseñaron a perder sin rencor,
de aplausos tardíos y silencios que fueron necesarios,
todo cabe en la maleta gastada de mi memoria.
Tú llegaste sin fronteras ni aduanas del pasado,
sin pedir explicaciones a mis ruinas ni a mis errores,
trajiste un idioma donde el miedo perdió sus poderes,
y cruzaste mi vida como quien cruza un lado sellado.
No puedo darme el lujo de perder este amor por rumores,
por voces que trafican sombras y viven del desconcierto,
por cizañas que no saben lo que cuesta quedarse,
ni entienden que el amor maduro se defiende con valores.
Que digan lo que quieran los ajenos que me encuentre,
yo solo quiero escribir contigo la versión final del viaje,
que cuando alguien lea nuestra historia sin fechas ni nombres,
repita sin dudarlo: vivieron felices para siempre.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026