el bardo

Imperativo

Ya me gustaría tener la certidumbre de que los inexorables recuerdos de alguna forma permanecen conmigo,

a pesar de que el fantasma del olvido haya envenenado tu rostro, sin dejarle libaciones ni licores.

No es injusto dilucidar que hoy es la época más difícil para evaporar de la mente inmortal un rostro.

Pero, desdichado de mí, no hay corpórea ni táctil fotografía que aprisione tu mirada tal como el espejo.

Tal vez fuiste producto de un largo sueño del que aún no me despierto, 

O la tejedora del eterno retorno que viene a hacer su papel y se va, así 999 veces.

No estoy seguro si Dios, en su profética memoria, salva los recuerdos.

Lo que si sé es que el hombre, por suerte de esté, no lo hace.