¡Oh minino rosado!
que come cual condenado
de Mérida es tu tonada
que precede a mi carcajada.
A chocolomo te sabe
lo que papadzul comiste,
y tierno en lo que viniste
tu donosura me lame
los dedos y así te hundes
entre mis piernas y fundes
tu realidad tan lozana
como madura manzana.
Salúdame a Don Gato,
a Benito y los demás,
pues nunca estará de más
la educación y el recato.